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#INFORMALIDAD

Hace unas semanas leí un artículo que decía que la SUNAT “revisaría los perfiles de Facebook de la gente para encontrar evasores de impuestos”, y por alguna razón me quede pensando en ello unos minutos. ¿Si es tan fácil evadir impuestos, será igualmente fácil encontrar a quienes lo hacen? Parecería que sí. En el país es algo tan normal que hasta podría aparecer en un perfil de Facebook. “Fulano Tal ha solicitado evadir impuestos”. “Aceptar”. Era un pensamiento sarcástico, sin duda, pero absurdamente trágico. Porque esa es más o menos la realidad. Me explico con un ejemplo.

 

Curiosamente, a los pocos días de leer el artículo tuvimos una licitación con una marca importante, y presentamos un buen plan de campaña que dejó más que entusiasmado a al “posible cliente”. La campaña prometía mucho, y la licitación era prácticamente nuestra. Sin embargo, luego de revisar (y aprobar) casi todo el plan presupuestal, llegamos al inciso de la pauta digital; y ahí surgieron los peros. Ocurre que las plataformas de comunicación digital, al ser esencialmente digitales, requieren una inversión para conseguir estos espacios publicitarios. Tal es el caso de Facebook. Uno le paga a Facebook por una determinaba “cantidad” de pauta y ése es el espacio que uno se agencia. El “problema” aparece cuando el servicio que brinda Facebook ⸻al igual que otras webs como  Google Ads., Twitter, etc.⸻, al no provenir de una empresa domiciliada en Perú, debe ser declarado al Estado para pasar a deducírsele un impuesto especial sobre la renta del 30%, lo cual, a su vez, permite validar el recibo o facturación emitida por dicha empresa que brinda la pauta. Ya, ese es el 30% de la discordia.

 

En teoría, no hay ningún problema ahí, ¿cierto? Por más que duela, ese 30% debe pagarse para tener presencia digital. De lo contrario, adiós Facebook, adiós Google, adiós campaña. ¿Pero quién paga ese 30%? Veamos:

 

La SUNAT nos dice: “¿Quieres emplear a Facebook? Bacán, pero nosotros deducimos de ese gasto el 30%. Tú ya ves quién lo paga”. Probamos, entonces, hablando con Facebook: “Oye, Facebook, quiero comprar S/.1000 en pauta, pero debo restarle S/.300 por el impuesto a la renta en mi país, así que sólo te pagaré S/.700”. Ya se imaginarán la respuesta de Facebook: “Lo siento, yo no tengo deberes tributarios con el Perú, así que si quieres S/.1000 de pauta me pagas mis S/.1000 completitos; sino no hay pauta”. Claro, en un universo más feliz de la existencia iríamos a otra red-social-más-grande-del-mundo hasta encontrar alguna que acepte el trato, pero existe algo llamado monopolio en todo esto. Sigamos probando.

 

Entonces, pensamos en algo razonable: si la pauta es para el cliente, lo razonable es que el cliente pague el porcentaje del impuesto por el servicio que de por sí ya está pagando. Lo incluimos al presupuesto, cosa por lo demás habitual a la hora de establecer precios. Creemos que, mientras el trabajo sea de primera, la inversión valdrá la pena. Entonces, ya que es algo razonable, ofrecimos a nuestro “posible cliente” un servicio de primera con este porcentaje contemplado en el presupuesto para las plataformas digitales. ¿La respuesta?: “Podría darte la cuenta, pero sin pagar ese porcentaje; las otras agencias no lo cobran, ¿por qué tú sí?”. ¿Lo vieron? “…las otras agencias no lo cobran”. Esa frase… Esa frase sí que se me quedó grabada como un loop.

 

Al final todos parecemos jugar a patear el 30%, ¿correcto? Puede haber algo de eso, nadie quiere pagar por cada numerejo que brota de la burocracia. Pero pensemos por un momento en el hipotético caso de “ok, este cliente no quiere pagar el impuesto, ni Facebook, y resulta que yo tampoco quiero pagarlo, ¿cómo lo saco del camino?”. Bueno, pues, acá la SUNAT podría prestar no poca atención, porque va el truquito de varias agencias. De hecho, es bastante simple: cojo ese inoportuno 30% que resulta que nadie quiere pagar y lo escondo como gasto no deducible por concepto de “marketing digital”. Le pago a Facebook ⸻en este caso⸻ y no lo declaro sino como aquello que bien podría haber sido un taxi en la calle o una empanada en la bodega ⸻o toda una pauta digital, ya que es tan fácil. Prácticamente me olvido del 30%. Total, para qué voy a pagar una cantidad extra al mes cuando puedo pagar menos del 10% anual por distribución indirecta de dividendos, y eso si tengo la mala suerte de que mi agencia de publicidad sea empresa jurídica. Tendría que estar loco, ¡si evadir impuestos es tan fácil!

 

Para mala suerte nuestra, no creemos que uno deba desentenderse de sus responsabilidades tributarias así como así; o, dicho más lisamente, la evasión de impuestos es un delito. Así que, lamentablemente debimos insistir: “Lo sentimos, incluimos ese porcentaje en el presupuesto como cargo por emplear este servicio de una empresa no domiciliada en Perú, pero confiamos en que nuestro buen trabajo hará que valga el costo extra” (sonrisa en el rostro más). Como podrán imaginar, ocurrió lo que tenía que ocurrir. Nos fuimos sin licitación y con una gorda y absurda sensación de ser unos perdedores por no evadir impuestos. Triste.

 

¿Podríamos pagarlo nosotros? Sí, de hecho podríamos, pero el tema no va por ahí. Si se pierden licitaciones porque otras agencias que tampoco quieren pagar el impuesto juegan a esconder los gastos para no declararlos; si los clientes están obstinados en que una agencia de publicidad debe hacer ese tipo de concesiones: entonces tenemos un problema. La informalidad supone uno de nuestros más grandes obstáculos para alcanzar un sistema más limpio, funcional, ágil y eficiente. Y este círculo que se crea a partir del acuerdo tácito entre agencia y cliente para hacerse los locos con un impuesto es una expresión más de esa informalidad que tanto nos perjudica a todos ⸻y de la que tan solemnemente venimos quejándonos como país pero sin hacer realmente nada al respecto.

 

En fin, es así. La cosa es así. Pero volvamos a la pregunta: ¿Si es tan fácil evadir impuestos, será igualmente fácil encontrar a quienes lo hacen? Sí, basta que el ente fiscalizador ⸻o sea la SUNAT⸻ esté un poquito más atenta a los anunciantes en espacios web como Facebook. ¿O qué?, ¿estamos esperando a que se cree el hashtag #Informalidad?

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